23.1.09

Clausura

Huyendo de los insultos
en su juventud maltratada,
gruesos muros de por medio,
de la vida se olvidaba.

Húmedos jardines
donde el sol no entraba,
silencio sepulcral, entre
oraciones de madrugada.

Esa es la quietud
tanto ansiada;
Él era su dueño,
ella su esclava.

Portón de madera
que le aislaba de...
por quién al mundo
un día llegara.

El momento decisivo
ya se acercaba,
su vocación tambaleaba;
“pidió perdón”.

1 comentario:

La Lelo dijo...

Hola paqui...
En los momentos decisivos
es bueno el aislamiento.
Lo que no creo que sea tan sencillo,
es conseguir el olvido...

Cosas de la vida...!!
Saludos...Consuelo.