
caminos de piedras,
senderos estrechos
de yerbas resecas...
Nos llevó esa tarde
a aquella casona
entre las montañas,
fría y misteriosa.
Sus gruesas paredes
llenas de leyendas
encierran de sus gentes,
visibles sus huellas.
En el palomar,
aún siguen las cuerdas,
palos y barrotes
y puertas de tela.
Negra y derruida
está la chimenea
y el piso de grietas
tras las escaleras.
Inmortalizamos
aquellas escenas
en cada ventana
de la casa vieja.
.
28~7~2003