
en mis agitados y monótonos días,
poco a poco pensé que te perdía
en dejadez total de mi demencia.
No entendí en tu faz esa clemencia
que a tu vez me suplicabas y pedías,
en mi nube yo pensé que no podía,
ignorando el final de tu paciencia.
A pesar de que este lecho me domina,
hoy me aferro al camino de la fuerza
arrancando por fin la vieja espina.
Mentalmente vigilo con destreza,
voy dejando con sigilo en cada esquina,
los rescoldos de una llama sin viveza.