Poesía que me encargó mi madre para regalársela a mi hermano.

Fue una tarde gris de invierno,
en un 20 de diciembre,
se nos casó nuestro hijo,
lo recordaremos siempre.
¡Son tan jóvenes los dos!
recuerdo que nos decían,
¡si él parece un niño,
y ella igual que una niña!
Cuando un hijo se nos casa
queremos siempre lo mejor,
si no lo podemos dar,
se nos rompe el corazón.
El tiempo se fue pasado,
empezando a comprender
que pronto él se hizo un hombre,
y ella una gran mujer.
En vuestras bodas de plata,
de nuevo vais al altar,
nosotros os deseamos
toda la felicidad.
Tenéis un ramo de flores,
tres claveles y una rosa,
el jarrón es vuestro amor;
¿Para que queréis otra cosa?
Sois jóvenes todavía
y ya podéis disfrutar,
lo que con esfuerzo y cariño,
habéis sabido levantar.
Las cuatro flores que tenéis,
lo mejor de vuestra vida:
Jose, Francis, Juan Luís,
también Isabel María.
A nuestros hijos y nietos,
deseamos felicidad
y que en las bodas de oro
nos volvamos a encontrar.
***Diciembre 1995***