31.1.10

La "Creu"

Cuántas veces te he visto a lo lejos,
clavada en la cima del monte.

Cuántas veces te miré perpleja,
suspendida en el aire, pareces de noche.

Cuántas veces tu silueta erguida,
iluminando tu luz en el horizonte.

Cuántas veces desde mi balcón
te buscó mi mirada perdida.

Cuántas veces en la madrugada,
te pedí mil deseos, si dormir no podía.

Con el tiempo he perdido tu norte,
pero jamás de mi mente, te haya perdida.

Y volví a mirarte como entonces,
al llegar el alba cada día.

Y sigues clavada en el monte,
en la oscuridad, en el aire pareces prendida.

Hoy volvieron a mí los recuerdos
y nostalgias que nunca se olvidan.

Quizás tenga que darte las gracias,
por la paz que he encontrado en mi vida.

28~11~2001

23.1.10

PARA MAMAÍNA

Mi ángel de la guarda
que fueras me gustaría
y que me guiaras siempre
en mis noches y en mis días.

Pensé que serías eterna,
que jamás te marcharías,
con lo bien que lo pasabas
aquí a la vera mía.

Era un estudio pequeño
pero tenía confort,
sobre todo no faltaba,
ni en un rinconcito, amor.

Aquel amor que dio su fruto
que estuve a punto de perder,
pero con tu cuidado y cariño
nació Estrella, ya lo ves.

Dos semanas tuve que estar
sin moverme de la cama,
¡con cuanto amor me atendías!
Para que no me faltara nada.

En el hospital estuve
ingresada otros tres días
y en mi mente te recuerdo
allí a la vera mía.

Con nosotros, Mamaina,
sé que lo pasabas bien,
pero me quedó la pena
que nuestra última casa
no llegaste a ver.

Estuviste varias veces
a punto de venirte,
pero con casi 90 años,
tú al final te rendiste.

Tú que superaste siempre
con fortaleza tus penas,
pero con la voluntad de Dios,
con esa... no hay quien pueda.

Aunque tardaste en llegar,
ahora estarás con tus hijos,
los que jóvenes perdiste,
demás familia y marido.

Tengo una sensación extraña,
como si estuvieras aquí...
siento como tu mirada,
fija al verme escribir.

Aquella mirada dulce
que ahora tengo en mi mente
y aquel color de tu cara,
que lo recordaré siempre.

Te recuerdo en el 10-7,
en un rincón de la terraza,
haciendo ganchillo al sol
y siempre puestas tus gafas.

Te ibas por el jardín
y en un banco te sentabas,
mientras hacías ganchillo,
Estrella en el césped jugaba.

Sacaste un día de tu bolso
un ovillo de hilo blanco,
lo deshilabas de un lado
y en el otro ibas hilando.

Me sorprendió lo que hacías
y me quedaba mirando,
y al final había unos billetes
(no me acuerdo muy bien cuantos),
que un tiempo atrás para mí
tú habías ido ahorrando.

Quiero recordarte siempre
en todo momento así,
haciendo el bien a la gente
y aquellas ganas de vivir.

*** Julio 1991 ***

12.1.10

COMO ELLOS

Como ellos...
Quisiera ser como ellos,
hablar mirando a la cara,
ver tus ojos de frente.
Como ellos...
Encontrar qué decirte,
fluyendo las palabras
sin pensar, sin titubeos.
Como ellos...
deseosos de encontrarnos
y decirte lo que pienso,
sin rodeos.
Como ellos...
Que las risas se confundan,
que se acaba nuestro tiempo,

y el destino...nos separa.

5.1.10

MI QUERIDO ALGUIEN

¿Quién abrió mis ojos
en aquella tarde?
Cerrados un tiempo
de forma inexplicable...

Tengo la certeza
de que había alguien...
alguien poderoso
que en aquel momento,
no quiso llevarme.

Un alma flotando
allá por los aires,
que me quiso tanto...
y no puede olvidarme.

Que también conoce
de mis soledades,
de mi amor truncado
y de mis pesares.

En mi mente tengo
grabada la imagen
y le doy las gracias
con el pecho grande.

Sígueme esperando...
mi querido “Alguien”

7~7~2004

1.1.10

¡¡¡ FELIZ AÑO 2010 !!!



Espero que en este año que empieza se cumplan todos vuestros deseos.


Un abrazo.

30.12.09

MIS RIQUEZAS

El alma se me engrandece
cuando veo tu emoción
y esos ojos tan alegres
iluminan mis entrañas,
desborda mi corazón.

Nada para ti es bastante,
te lo puedo asegurar,
no es sólo el amor de madre,
te mereces mucho más.

Soy mujer privilegiada,
no saldrá de mi una queja;
vivo entre mis dos amores,
la mayor de mis riquezas.

21.12.09

A TODOS MIS AMIG@S BLOGUER@S


OS DESEO UNA FELIZ NAVIDAD Y QUE EN EL 2010 SE OS CUMPLAN TODOS ESOS DESEOS QUE EN ESTE NO PUDO SER... POR FALTA DE TIEMPO... Y ES QUE, EL 2009, YA SE ACABA. MUCHOS BESOS PARA TODOS.


¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!
.


12.12.09

SIN DESPEDIDA

Tu hambre era mi hambre,
compartiendo la mitad
de casi nada,
sin darle importancia.

Tu risa era mi risa,
entre jaleos y palmas,
en los montes o en la playa,
quizás viviendo deprisa.

A pesar de la distancia
los recuerdos nos unían,
y emprendiste tu camino,
sin adiós, sin despedida.

2.12.09

SONETO 2

Porque el amarte me hace daño,
sangrando está mi corazón,
heridas que en mi interior
se agudizan con los años.

Son necesarios redaños,
decir "hasta aquí" con decisión,
piensa que esta situación
nos está llevando a engaño.

Esta quietud, este letargo,
hurgándome está con pavor,
este "ser y no ser" amargo.

Quiero el calor de tus manos,
quiero olvidar con amor...
aquellos tiempos lejanos.

26.11.09

Su mirada

No quiero mirar sus ojos,
le esquivo cuando me habla,
esto es lo que siento hoy;
me da miedo su mirada.

La mirada que ahora tiene,
esa que antes buscaba,
como dos desconocidas,
no se parecen en nada.

Esas pestañas revueltas
me tenían enamorada,
cuando pasaba las horas
perdidas en su mirada.

- Otoño1999 -

20.11.09

MICA

Con sólo una caricia
amansó el lomo,
su mirada huidiza
me transmitió lo que sentía.
Buscaba cualquier rincón
para resguardar su vientre,
pero... ¿de qué?
ya no hay nada que proteger;
le arrancaron de cuajo
las entrañas, la vida.

13.11.09

LA TORMENTA


Los oscuros nubarrones
presagian una tormenta,
se aproxima con sigilo,
dejando la puerta abierta.

A lo lejos se oyen truenos,
los relámpagos se acercan,
temiendo que llegue un rayo
de empujón cierra la puerta.

Oye correr ese río
como vino por sus venas,
deja pasar los minutos
hasta que a su cauce vuelva.

Llegando la madrugada,
esas nubes ya se alejan,
de aquellos truenos enormes
no sabe... no se acuerda.

A la mañana siguiente
sale el sol un día más
las horas siguen rodando,
la tormenta llegará.

15.10.09

Amapola

Amapola, entre el trigo
deslumbras por tu belleza,
tu rojo de ardiente sangre
junto a un negro de tristeza.

Tu savia es veneno puro
circulando por tus venas,
ese negro de misterio
de las mentes se apodera.

En medio del trigo,
te encuentras sola,
meciéndote al ondear
que hacen sus olas.

Naturaleza del campo,
adormidera de sombras,
disfrazada entre el trigo

creciste, amapola.

2.10.09

Quedó su espacio vacío

Quedó su espacio vacío,
su olor desierto,
la mudez de sus palabras
en mis oídos.

Quedó triste el alma
mirando al infinito,
huyó en el aire,
flotaron los recuerdos.

Demente el corazón,
adormecido.

27.9.09

Ansiada libertad

En tremenda agonía despertó
esa mujer que nunca fue amada,
tomó su decisión desesperada,
a preguntas tan profundas contestó.

Entre aquella incertidumbre amaneció,
en sutil y amarga madrugada,
esa libertad tan ansiada,
tras años de violencia y alcohol.

Un café que en veneno se volvió,
una llave que abierta se dejaba
para ese ruin que nunca cambió:

gas que lentamente liberaba,
funesto desenlace, le alivió;

hoy una nueva vida empezaba.

22.9.09

Ahora

Ahora, que aún te tengo,
sería el momento,
aprovechar cada segundo
sin perder el tiempo.

Ahora, que tu calor siento,
con mis ojos te veo,
tu perfume huelo.

Ahora, que todo está quieto,
¡quién sabe si mañana
seremos recuerdo!.

Por eso, sólo por eso,
quiero disfrutar ahora,
porque ahora te tengo.

17.9.09

Te vas

Te vas...
Con el crepúsculo, desapareces,
si avisar, como llegaste,
y sigues tu curso
buscando otras tierras,
otros mundos.

Te vas...
a media tarde,
sin saber de mis miedos,
noches en tinieblas,
frío y soledades.

Necesito el color de tus brazos,
la tibieza con que vuelves
en leve susurro.

La mirada sumerjo en los mares
y sigo esperando...
a que marches.

29.8.09

Reni (8ª parte y última)

Cuando a Reni y a Fabián se les pasó aquella cogorza, no sabían ni dónde ir ni qué hacer; no recordaban nada. Iban a salir cuando llegaba Inés que, encolerizada, no se lo pensó dos veces y le soltó tal bofetada a su hija, que cayó al suelo, y a él, cogiéndole por los brazos, le arreó una patada allí donde más podía doler. Esa fue toda su “conversación”. Sólo cuando se disponía a bajar las escaleras, se volvió para decirles:
– Si queréis saber dónde está vuestra hija, preguntad en los Servicios Sociales – y se fue.
Ellos ya sabían lo que eso significaba, tendrían que armarse de valor. Decidieron ir, pero antes deberían tomar una copa, según ellos “les hacía falta” pero, como siempre, después de una, vino la otra y la otra, olvidando lo que habían pensado hacer.
Inés quiso hacerse cargo de la pequeña Sandra pero no se lo permitían ya que tenía a Álvaro. La única solución posible era la rehabilitación de la madre y temía que eso era imposible si su hija no se concienciaba de una vez por todas. Lo más grave era que ni siquiera la dejaban ver, por muchas puertas a las que llamó.
Sandra fue entregada a una familia en régimen de acogida, con derecho a adopción. Cada vez se complicaba más aquella situación, ya que Reni pronto se dio por vencida e Inés legalmente no podía mover absolutamente nada.
Después de muchas súplicas, Inés pudo ver a la pequeña, pero con vigilancia, en el Centro Social y sin darle ningún dato de su paradero.
Así fue como Reni hizo perder todo derecho sobre su hija, abandonando toda lucha por recuperarla y se fue hundiendo cada vez más en el barro.
Un día, muy de mañana, se oyeron sirenas de ambulancias y policías. A Inés, como tantas otras veces, se le oprimió el pecho pero pensó: “Ya empiezan las sirenas, como siempre”. Al rato llamaron a la puerta y, al abrir y ver a un vecino acompañando a un policía, de nuevo su corazón le puso en aviso. La voz de aquél hombre pareció oírla desde el fondo de un pozo:
- Siento tener que darle tan tremenda noticia: Su hija se ha quitado la vida arrojándose por el balcón.
Fue lo último que escuchó antes de desplomarse en el suelo. Al despertar, maldijo una y mil veces los pensamientos que tiempo atrás tuvo en un arrebato de impotencia: “¡Dios mío llévatela y líbrala de todo este sufrimiento o haz que vuelva a ser como era antes¡”. Sus súplicas fueron escuchadas, pero su hija se había ido por el camino más rápido.
Se sentía tremendamente culpable pero, a la vez, aliviada porque lo que tantas veces había intentado, por fin lo consiguió: irse con Adriano, el amor de su vida. Pero... ¡cuánto dolor había dejado tras de sí!
Después de un tiempo, por casualidad, me encontré con Inés en la cola de un banco y estuvimos largo rato hablando del fatal desenlace y de cómo le era imposible quitarse aquél vestido negro; lo intentó mil veces pero fue incapaz.
Entre otras desgracias, le había dado un amago de infarto y, por esos días, estaba en trámites de separación y de la venta del piso.
Según me dijo, quería irse a Alicante. Sería como un borrón y cuenta nueva, algo imposible, pero le hice prometer que la próxima vez que la viera, no llevaría vestido negro. Y así fue, la siguiente llevaba un vestido estampado en tonos marrones.
Desde entonces, hace al menos cuatro años, no he vuelto a verla.

16.8.09

RENI (7ª parte)

Dos días más tarde, Reni se presentó en el hospital con el padre de la niña, firmó el alta y se la llevó. Según le dijeron a Inés, habían alquilado un piso cerca de ella; querían vivir su vida. Alguna tarde los veía pasear desde la terraza donde ella se sentaba a tomar café, otras veces se la llevaban para salir solos por las noches.
Con cinco meses, Sandra era una niña muy despierta y preciosa: ojos azules muy abiertos, melenita rubia y labios rojos que rebosaban salud. Ella la paseaba orgullosa diciendo a todos la nieta tan linda que tenía.
Unos meses más tarde, Inés subió al autobús (siempre acompañaba a Álvaro a los partidos de fútbol) y notó como, al verla, las madres de los otros chicos cambiaban de conversación. Ella, sin pensarlo dos veces, preguntó:
- ¿Qué pasa? ¿Por qué os calláis?
Una de ellas dijo:
- Pues verás, creo que debes saberlo cuanto antes: Anoche estaba tu hija y su compañero, demasiado tarde, con la niña en un bar de copas y no iban muy bien que digamos.
Inés tenía por costumbre salir a la terraza después de cenar a fumarse un cigarrillo. Vió pasar a un joven con un cochecito “Mi Sandra, ¿qué será de ella?”. Llamaron al telefonillo y, como siempre, se sobresaltó:
- ¿Si, quien es?
- Pregunto por Inés ¿Puede bajar por favor?
Al verlo sabía que lo conocía pero no sabía de qué.
- ¿Es usted la madre de Reni? –Preguntó-.
- Si –contestó al tiempo que lloró el bebé y, al mirarlo, se dio cuenta de que era su nieta- ¿Qué pasa?
Era como si su corazón le estuviera avisando de que algo grave se avecinaba. Se acercó a ver aquella criatura, por un momento creyó que su corazón no iba a resistir. Antes de que abriera la boca para preguntar algo, el hombre le dijo que la había encontrado entre dos coches llorando. Al no ver a nadie alrededor, no sabía qué hacer, pero encontró entre unos documentos su dirección; por eso no fue antes a la policía.
- Si, es mi nieta. No se preocupe, me hago cargo. No se como agradecerle su interés... Gracias, muchas gracias.
Cuando aquel hombre se fue, Inés no podía pensar, andar, o decidir qué hacer; quedó inmóvil, como una estatua.
Subió llevando el cochecito, aun sabiendo que aquello le costaría una gran discusión con su marido. “Como si yo fuera la culpable” pensó mientras apretaba a la pequeña contra sí.
Ya sabía que a su hija no tenía que buscarla, cuando no tuviera dinero, aparecería. Así fue, pero antes de lo que imaginaba porque, de madrugada, llamó a la puerta enloquecida:
– ¡Me han quitado a mi hija! –decía, y con sus gritos no oía el llanto que salía de una de las habitaciones.
Después armar un escándalo monstruoso, del que tomaron parte hasta los vecinos, Reni consiguió llevársela nuevamente a seguir su camino; difícil camino a caballo entre los sentimientos de una madre y el poder que ejercía en ella las diversas adiciones: una lucha diaria entre dos mundos.
En varias semanas, nada supieron de ellas, madre e hija, pero Inés dejaba correr el tiempo, que era lo único que podía hacer con algo fuera de su alcance.
Habían pasado dos meses cuando Inés recibió una llamada de Lucía, la asistente social; debía verla urgentemente. No tuvo que esperar demasiado, pero ésta no sabía como decirle el motivo por el que le había hecho llegar. Fue muy directa (para qué andarse por las ramas):
–Inés, han encontrado a tu hija con su compañero y la pequeña, en el parque de Las Acacias a medianoche. Nos llamó la policía para entregarnos a la niña y a ellos los llevaron al retén.
“Después todo es lo mejor que podía pasar” pensó ella, sin saber que esto sería el principio del fin.

10.8.09

RENI (6ª parte)

Llegó a casa con el tiempo justo de hacer pasta antes de que Tomás, su marido, se sentase a la mesa.
Como si fuera un milagro, Reni se pasó una semana sin salir a la calle e Inés pensaba “Quizás un hijo le haga recapacitar y por él cambie de vida”. Era su esperanza. Iba con ella a los médicos y también le acompañó a alcohólicos anónimos, pero veía cómo se iba poniendo nerviosa.
Una tarde que salió a dar un paseo con su sobrino y, al llegar, le dijo a su madre:
– Quiero que el padre de mi hijo se quede a dormir aquí ya que está tirado en la calle.
- ¡Por esa no paso! -le contestó Inés-. En casa ya somos cinco personas; además, no quiero tener en casa alguien que para nosotros es un extraño.
Después de una fuerte discusión se fue sin nada. No volvió aquella noche, ni la siguiente, ni ninguna otra. De vez en cuando les decían haberla visto en tal o cual sitio y el estado en que andaba.
A los siete meses de gestación se presentó en la puerta toda mugrienta, pidiéndole que, por favor, le dejara darse un baño. Esa noche se quedó a dormir y, como siempre, su despertar era un volver a la realidad. Bajó hasta el centro encaminándose hasta los Servicios Sociales. Un tanto entrecortada preguntó por Lucía, la asistenta encargada de drogodependencia. Tuvieron una larga charla y le acompañó al medico, justo en la puerta de enfrente.
Reni comenzó el tratamiento, además de las pruebas (análisis, ecografías, etc...) correspondientes a su embarazo. Iba a ser niña. Esto, unido a saber que estaba bien, le llenó de alegría.
Seguía quedándose en casa de su madre y lo llevaba bastante bien pero, una noche, empezó a sentirse mal. Tras llevarla a urgencias, tuvieron que hospitalizarla porque tenía contracciones y sólo estaba de siete meses y medio. Intentaron retener el parto pero fue inútil, a las veinticuatro horas ya había dado a luz.
La niña, aunque estaba bien, tenía poco peso, 2’100 kg y la dejaron en la incubadora. Para Reni fue una contradicción cuando le dieron el alta y tuvo que dejar a su hija allí (aún le faltaba mes y medio). Al preguntarle el pediatra si quería amamanta a su hija, contestó que no, ya que tendría que ir al menos tres veces al día.
De su compañero nada se supo, tampoco ella lo mencionaba para nada. Sandra, la pequeña, se iba recuperando muy rápido mientras Reni cada vez hacía más espaciadas sus visitas. Al cumplir las cinco semanas, llamaron a Inés para decirle que se la podían llevar a casa. Su hija estaba ilocalizable y, al presentarse ella en el hospital, se negaron a entregársela. ¿Cómo hacerlo, si lleva sin saber nada de ella desde hace una semana?